Ácido sulfúrico es el cuarto libro que leo de Ameliè Nothomb. Me he hecho muy aficionada a esta escritora porque me gusta como cuenta las cosas, su lenguaje me resulta cercano, y la mayor parte de las veces me parece que cuenta historias originales (cuando no divaga demasiado). Con este libro me ha pasado lo que con los otros, me ha parecido fácil de leer y bastante adictivo, sobre todo cuando te vas acercando al final.
Para “disfrutar” de la historia sin estar con la ceja levantada durante toda su lectura, considero fundamental asumirla como ficción absoluta (incluso fantasía). Es importante no tomarla como una profecía fatalista ni intentar buscarle explicación a cuestiones de índole política, ni legal, porque no tiene sentido. Está claro que a esta escritora le va el rollo sádico-cómico y disfruta colocando las situaciones bajo una óptica surrealista, contándotelas como si fuesen reales como la vida misma. Supongo que es su estilo. A parte de esto, está esa parte obvia de crítica a la telebasura y al borreguismo que ésta genera, o a la inversa. Esto es como lo del huevo y la gallina.
El argumento consiste en el desarrollo de un programa de televisión llamado Concentración, cuyos participantes han sido retenidos (sin criterio alguno) en contra de su voluntad para llevarlos a un espacio plagado de cámaras que recrea fielmente un campo de concentración nazi. Los presos viven en condiciones infrahumanas y son dirigidos y maltratados constantemente por los kapos, también ciudadanos de a pie que la organización del programa ha reclutado para este menester por sus pocas luces o su manifiesta codicia. Detrás de todo esto, se encuentran los organizadores, que no dan la cara ante las cámaras y son los que dirigen el cotarro en la sombra. Cada semana se escogen varios presos del campo para ser ejecutados en directo.
El programa es un éxito de audiencia desde su primera entrega, porque aunque la gente lo considera una aberración y no entiende cómo está permitida la emisión de un espacio así, no se pierde un solo minuto en antena.
En esta historia sobresalen dos personajes, el de una prisionera, Pannonique, y el de una kapo, Zdena. La primera representa la pureza, la fuerza del bien, el estereotipo de todo lo bello y perfecto, de la coherencia y el respeto. Y la segunda todo lo contrario, la crueldad, la necedad, el vacío y la insensibilidad. La segunda se enamora de la primera porque ve en ella todo lo que no puede ser ni podrá alcanzar.
Lo que menos me gusta del libro con diferencia son los personajes, por lo extremo e incorruptible de sus personalidades. La protagonista es poco menos que una divinidad bajada del cielo. Una chica de 20 años que de repente se ve con fuerza y coraje para llevar una situación de tal calibre, mantener con esperanza a sus compañeros, resolver todo tipo de problemas y encima permitirse momentos de optimismo. Todo ello bajo la mirada ferviente y extasiada de los que comparten su infortunio. Es buena, lista, y la más guapa del campo, vamos, una joyita. Los telespectadores la adoran y la organización del programa la considera su máxima baza por su increíble telegenia (esta palabra la he aprendido en este libro ☺). Y la mala, pues la más mala del mundo, un ser despreciable, cruel, tonto de necesidad y encima de apariencia grotesca. El resto de los personajes tienen diez frases el que más, con lo que no profundiza en ninguno. Creo que en el fondo la autora se ha servido de los dos personajes principales como meros símbolos. No ha querido “mojarse” más allá de eso porque lo que realmente le interesa contar en este libro de ciento y pocas páginas es la repugnancia de la doble moral y la dualidad víctima-verdugo. El libro está lleno de dualidades.
Creo que el argumento es buenísimo, y desarrollado por otro autor, pues hubiese sido muy distinto… si lo hubiese cogido Saramago (al que le va de perlas este tipo de novela, por cierto), pues le hubiese salido un libro de cuatrocientas páginas en el que le hubiese buscado explicación hasta a la posición respecto al tema del mismo gobierno (saliendo airoso, ojo) y las repercusiones del programa a nivel internacional xD, pero en manos de Ameliè Nothomb no pasa de ser una breve reflexión, no por ello menos interesante (al menos para mí).
Cuando he terminado de leerlo me he dado cuenta de que he actuado como esos telespectadores que no pueden apartar los ojos de la desgracia ajena, asqueada por un lado, pero con ganas de saber que pasa por otro… aunque supongo que puedo justificarme diciendo que es sólo una novela y nunca ha pasado.
Parece que esta señora tiene una especial afición por las fotos extrañas
… le encanta ser portada de sus propios libros.










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