La gente llega a mi blog buscando en el google “Anne Igartiburu”, no sé muy bien qué sentir ante este hecho, si asco o pena… lo dejaremos en ascopena. Un día voy a escribir toda una entrada sobre las palabras por las que la gente llega a mi blog, es un tema con mucho ju(e)go.
Bien, para no ser demasiado monotemática con los dibujitos de los cuadernitos de las naricitas y los cataplincitos, he decidido comentar un poco el último libro que me he leido (a trompicones, porque no tengo tiempo para leer), que es otro de Murakami, el 4º ya. Los que me conocéis sabéis que soy un poco pesada con este japo, pero es que me gusta mucho, y después de este libro pues más.
Esto es un libro de cuentos, casi todos muy oníricos pero con personajes muy reales, y todos desprenden una imaginación tremenda; desde un hombre que combate su soledad cocinando espaguetis de todas las clases o una piedra con forma de riñón que se desplaza sola, hasta un mono que roba nombres o un hombre que vomita todos los días a la misma hora tras recibir una llamada telefónica. Así contado, pueden parecer historias sin pies ni cabeza, y algunas lo son, pero la mayoría combinan este tipo de absurdeces (que a mi me encantan) con personajes de bastante relieve, personajes reales con los que te puedes identificar en un momento dado. Creo que Murakami escoge en muchas ocasiones personajes sin grandes dramas, como cualquiera de nosotros y cuenta cómo se sienten ante sus pequeñas miserias, cómo las sufren de forma interna, sin saber siquiera por qué sufren. No son dramas cotidianos, es algo mucho más profundo, como una insatisfacción sin contornos que está ahí dentro de ellos. No sé, al menos es lo que yo extraigo de muchos de sus relatos y lo que me hace sentir cercanos a los personajes.

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